¿Ciencia Política o Filosofía Política? – Una nueva visión

Por Oscar A. Piccolo

Si consideramos que la ciencia es la culminación de un proceso de conocimiento, es evidente que en el siglo XX, se ha avanzado notoriamente en el campo científico. Tanto las ciencias formales o ideales (lógica, matemática), como aquellas fácticas (o materiales) como química o física, e inclusive las ciencias humanas, han ostentado un vertiginoso crecimiento. Un claro ejemplo es la ciencia económica, sus postulados son utilizados con éxito por las autoridades en base a políticas monetarias y financieras, para lograr determinados resultados preconcebidos, ergo su evolución ha producido herramientas de aplicación práctica. Si bien tuvo algún desarrollo, no podemos decir lo mismo de la ciencia política. Cierto es que por ser una ciencia humana, no contiene la exactitud o rigidez de las otras, pero aún así, su avance metodológico ha sido realmente menor en comparación con las demás.

Antes de entrar en tema, no olvidemos señalar que la ciencia es metódica, es decir utiliza algún método para establecer la verdad, sea el lógico o de observación empírica, tiene o crea conceptos o vocabulario propios, genera hipótesis de solución provisional a problemas, y cuando las demuestra se convierten en leyes. También emplea teorías como una suerte de hipótesis general o modelos explicativos. Si tenemos en cuenta ello, es evidente la poca proyección de la ciencia política en la práctica. Inconcebiblemente, pareciera que en una época supertecnificada, informatizada y altamente compleja y diversificada como la actual, la filosofía política, que deviene una especulación no metódica, cuya única condición es ostentar coherencia racional, tiene mas presencia y peso en la praxis política que la propia ciencia. ¿Por qué?.

Presumimos que la ciencia política se ha basado en exceso en diferentes doctrinas –liberalismo, socialismo, nacionalismo, republicanismo, comunismo, entre otras-, en valores humanos –libertad e igualdad- o bien en sistemas políticos e institucionales dentro de las innumerables variantes de regímenes democráticos o distintas formas de regímenes autoritarios. Amén de la trascendente importancia de su estudio, no consideramos que puedan comportar las bases nucleares de la ciencia política. En realidad todas ellas son evidentes creaciones humanas y por ende, no son “naturales” ni intrínsecamente humanas, y aún así, han capturado de manera excluyente el estudio científico de la organización política desde estos últimos siglos. Desde nuestra visión, ello comporta el error conceptual que provoca el endeble y escaso desarrollo de la ciencia política.

El verdadero punto de partida, no deberán ser las doctrinas, modelos, ideologías, valores, cultura, sistemas políticos, aun reconociendo su trascendental importancia, sino el hombre como sujeto primario y único del acontecer político, tanto en su individualidad como en su realidad social. En resumen, avanzar en la contestación de la antiquísima pregunta: ¿cómo somos los hombres? e indagar en su matriz esencial, verlo tal como lo conocemos sin tratar de encontrar el hombre ideal, es la búsqueda del cómo somos real, en su más primitiva concepción política.

Una mirada de esta naturaleza puede llegar a entenderse como un cambio de paradigma, sin embargo no es así, sino que es el mismo paradigma que desde hace siglos los filósofos políticos más importantes en la historia del pensamiento han buscado afanosamente, aquel que intenta desentrañar “la naturaleza del hombre”. Planteamos simplemente “volver a las fuentes” para repensar al hombre. Fue el propio Maquiavelo, quien afirmaba que el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre, lejos de ser un pasatiempo de filósofos, es un requisito indispensable para obrar con éxito en el campo de la política.

Si consideramos que actualmente la filosofía política se considera como un pensamiento previo a la ciencia como una etapa necesaria para el nacimiento de esta, es obvio que con la aparición de la ciencia política, no faltó quien creyera que se había acabado el tiempo de la filosofía política. La realidad nos indica otra cosa, la filosofía tiene más penetración práctica que la ciencia.

Existen innumerables explicaciones. No olvidemos que las ideologías son aplicaciones parciales, incompletas y deformadas de muchas concepciones filosóficas, pero fueron ellas las que al parecer tuvieron una mayor implicancia en la práctica política. Esto denota el carácter científico de los hombres, ya que las ideas parecen vencer al saber descriptivo y, en consecuencia, al conocimiento científico.

Sin duda la filosofía es más afín a la naturaleza humana, ya que, a diferencia de la ciencia, puede proporcionarle al hombre un fin y un conjunto de ideales y de virtudes. En ese campo, el saber científico sólo puede ofrecer valores que ha incorporado pero que no ha creado. Asimismo, la filosofía nos puede ofrecer una visión omnicomprensiva de la realidad, es decir, una concepción totalizadora del mundo.

En síntesis, en el campo de la política la filosofía deviene más humana ya que admite la religión, lo sentido y valorado por el hombre, situaciones que la ciencia no sería capaz de asimilar fácilmente.

Una vez perdidas la exactitud, la precisión y la prudencia, la ciencia ya no es ciencia, y tampoco se transforma en ninguna otra cosa. Pero, en cambio, no hay límites para la filosofía: solo se necesita una ideal, en lo posible coherente y racional que inclusive pueda convertirse en poesía.

Ahora bien, la filosofía política actual desde nuestra visión, tiene dos grandes inconvenientes. El primero es que hay una tendencia cierta a preocuparse, casi con exclusividad, por el conocimiento de la “historia de las ideas políticas”, a las cuales si bien reconocemos su gran importancia, consideramos que habría que hacer hincapié en mirar la filosofía como un arte a pensar o entenderla como el arte del pensamiento. Es así como retomaríamos una tarea mas prolífica y evolutiva, partir de la acumulación del conocimiento humano elaborado por siglos para volver a repensar al hombre como protagonista excluyente de su realidad política.

El segundo inconveniente consiste en que las hipótesis filosóficas deberán dejar de ser solamente un cuerpo de nobles ideas y valores, sino que deberán tener un carácter decididamente sistémico. Es decir, que resulten una posibilidad de herramienta concreta para el avance de la ciencia política, en el sentido empírico de la realidad de forma tal que permitan descubrir la naturaleza y las leyes que rigen su comportamiento. En resumen que retome su verdadero carácter que es componer el a priori del conocimiento científico. Solamente conociendo su naturaleza el hombre pueda intervenir en ella con destino de éxito en búsqueda del bien común.

Ese camino es el que intentamos recorrer en la obra “ TERCERA REVOLUCION EVOLUTIVA El fenómeno del fin del milenio” aun cuando es de destacar que ese no fue su objetivo inicial. Originalmente la búsqueda estaba acotada a encontrar un fundamento filosófico acerca del actual protagonismo de la sociedad civil a escala planetaria, ya que las doctrinas políticas o económicas tradicionales, no lo explicaban. Eramos conscientes que estábamos ante un cambio positivo del espíritu humano, pero no lográbamos descubrir sus razones ni su motor y fue allí donde a la sombra de los grandes filósofos clásicos, encontramos en el estudio de la naturaleza humana (tema bastante relegado por siglos), independientemente del acierto o el error en su concepción, no sólo la fundamentación buscada, sino una teorización filosófica integral y, lo más importante, sistémica del acontecer político humano que amén de tener una mirada esperanzadora, abierta y plenamente evolutiva, brinde principalmente, herramientas concretas en la esquiva búsqueda del bien común. Y que pueda resultar el puntapié inicial para un estudio de ciencia política con mayor apego al hombre, que comportaría un evidente y necesario cambio de paradigma , para retomar en parte, el paradigma clásico: el hombre en el centro de la escena del estudio de la estructuración política y protagonista excluyente de su realidad social.

LAS DOS ACEPCIONES DE LA POLITICA

LAS DOS ACEPCIONES DE LA POLITICA

¿Qué sentido tiene el concepto de política?

La actividad política de la sociedad es posible sin “hacer política”

En el imaginario social, mucho nos ha pesado y nos pesa la política entendida como espacio vertical donde se mueven intereses intrínsecos al poder, ya que durante un largo tiempo hemos creído una farsa. Esta confusión creó en el comienzo la idea general que todo aquello que tenga que ver con política es malo, corrupto, entre otros tantos adjetivos por el estilo. Por todas estas razones la gente común no debería mezclarse. Desde su lugar, el Estado se abocó a mantener esa estructura de poder con todas sus indecorosas connotaciones incluidas. Cuando en realidad su fin originario es garantizar el bienestar de la sociedad, hoy convertido en un objetivo prácticamente desbarrancado.

Se falsea la realidad ocultando el verdadero sentido de la política y así los político -la aristocracia de estos tiempos- han mantenido a las mayorías alejadas de las palancas de poder para manejarlas ellos solos. Debemos saber que una confusión inicial nos a llevado a mirar de reojo y con desconfianza a la política en general, dado que ha servido como excusa para ser utilizada con el único fin de alcanzar y fortalecer ese poder entre pocos. Para liberarnos de esta carga que malogra las intenciones de los que desean hacer “buena política”, debemos desasnarnos sobre todos los significados del término. La confusión deriva de sus dos acepciones. Como bien nos alertó Giovanni Sartori hay una clara diferencia entre la política vertical y la horizontal. Pero además, ¿qué es lo que hacemos, o qué deberíamos hacer con ella?

La primera acepción, referida a lo político ligado al poder, es en la que nos hemos embarcado hace tiempo y la que apunta al orden de lo jerárquico. A todo lo que erróneamente hemos considerado poder, desde la administración municipal, hasta los senadores y diputados. Hemos aprendido que la sociedad debe ser gobernada sólo por sus representantes, cuyo mensaje implícito es que la gente no debe “hacer política”. Pareciera que la democracia no es en realidad sistema donde el pueblo tiene el poder. El Poder no busca prioritariamente el bienestar del pueblo, busca tener o detentar poder, acrecentarlo y en lo posible centralizarlo. Nos piden “participación” no protagonismo. Una vez efectuado el voto electoral, la sociedad pasaría a ser más bien un convidado de piedra de la actividad, siendo esa su única aparición en escena. Prácticamente es una cuestión ajena para los que no formamos parte de “la minoría aristocrática”, ya que ellos son los expertos en la materia. Los políticos han pasado a ser la aristocracia el siglo XXI, cuya única diferencia con sus antecesores sería el cambio de blancas pelucas pomposas y enruladas por un sutil traje con camisa y corbata, y actualmente ni eso, camuflándose en el común de los trabajadores de oficina. En los nacimientos de la democracia, para ejercitarla y definirla en la medida que las circunstancias lo permitieran, alguien tenía que centralizar el poder. Para evitar la anarquía se estableció que el poder debía ser ejercido “sólo por los representantes del pueblo”. Ahora, ya estamos en otra etapa evolutiva donde los ciudadanos están formados de distinta manera y dicha centralización ha sido utilizada, como ya explicamos, por los políticos en su propio beneficio. Luego, si era útil para sus fines, la ejercitaban en beneficio de la sociedad. Para que evolucione la democracia no sólo como idea sino como instrumento y sistema político, toda la sociedad civil debe dejar de pedir participación (que es lo que justamente le conviene a ellos), sino ser protagonistas de la sociedad que queramos tener, desde el barrio hasta el mundo por completo.

Los pilares de la mecánica individual de la política son cuatro, el logro de poder, su mantenimiento y finalmente, una vez logrados estos dos, su acrecentamiento (y en lo posible con el menor control posible). El bien común será utilizado sólo si garantizará más poder al final, como es el caso del clientelismo político. Siempre se justifica un “regalo” o una contribución desinteresada del gobernante de turno, aludiendo que su objetivo es que la gente “lo necesitaba”. Aquí queda de manifiesto como la supuesta solidaridad se disfraza de preocupación por el otro empobreciendo, simplificando y malogrando el verdadero espíritu solidario por fines estrictamente de poder.

No es este sentido el que nos interesa destacar, conocemos lo suficiente en la vida diaria. Entonces, el segundo sentido tan poco explorado y prácticamente desconocido, es el de política del bien común, como una visión horizontal de su práctica, entendido así por su carencia de jerarquías. Este es el significado original del concepto, por medio del que se entiende que la sociedad no sólo puede sino que debe hacer política .¿En qué momento y quiénes nos convencieron que sólo los políticos son los excluyentes sabedores de que es lo mejor para nosotros? ¿Los políticos están más preocupados en el bien común o en lograr mantener y acrecentar su poder? La participación y presencia del ciudadano civil es necesaria e irremplazable en todos los espacios donde se proyecta la política. Más allá de las clases que intenten detentarlo exclusivamente es un patrimonio de incumbencia universal. Al margen de los distintos grados de vocación política de cada sujeto, lo importante de recalcar la universalidad de la política es el aspecto donde nos vemos todos involucrados y por lo tanto responsables de su ejercicio.

La “nueva aristocracia” ubica en tela de juicio el bien común justamente porque de su desarrollo exitoso dependen el triunfo o fracaso de sus intereses de poder o personales. Hoy por hoy toda esta clase, en mayor o menor medida, está ocupada en sustanciar su poder y no el bien común. Lo buscarán en la medida que ello reporte un aumento del poder y reputación personal, más allá que el objeto del Estado es buscar exclusivamente el bien común. Incluso muchas veces ese recorrido vertical, atraviesa el bienestar que mencionamos de lado a lado, dañándolo severamente.

La segunda acepción a la que nos referimos, atiene a la política sin connotación alguna de poder. Su valor está en el movimiento horizontal que ya mencionamos donde el único norte es el bienestar de todos. El hombre está experimentando en estos últimos tiempos un cambio en el espíritu, mucho más consciente y preocupado por la situación general de la sociedad, más allá de su circunstancia personal. Si bien las discrepancias son muchas respecto de lo que se entiende por bien común, preferimos tomar el concepto general. Éste puede lograrse apelando al “sentido común de la gente común”.

¿Cómo ayudar a lograr el Bien Común? Tres acciones pueden ser posibles: La solidaridad, es la base del asistencialismo. Por medio de ella se atiende carencias como la salud, la pobreza, la marginación, la llamamos política horizontal directa. Otro elemento es el control social, del Estado y del Mercado. Se materializa por ejemplo en pedidos de información o denuncias sobre el accionar no sólo del gobierno de turno, si no sobre todo poder. De esta manera, entre una infinidad de posibilidades, es desde donde se vuelve protagónico el lugar político de la sociedad civil. Para todas las sociedades pero mucho más para aquellas evolucionadas, se considera que las sociedades civiles son las que tienen el poder como electores y como consumidores. A partir del control social es posible hacer más eficiente a los otros dos sistemas, el político y el económico. Cuando esto sucede, el ciudadano se siente dueño del sistema en el que vive porque puede controlar los otros dos, siente que su voz tiene lugar. En cambio cuando el sujeto ve que el poder está en manos de otros, fuera de su alcance, se evidencia su alto grado de involución de la política donde pareciera que la sociedad espera, como única salida, la llegada del “rey bueno”. Un tercer elemento es la política horizontal indirecta, denominada política arquitectónica. Toma la forma de debates y proposición de proyectos políticos, sociales, educativos, entre otros. A través de ello es posible tener un proyecto de sociedad colectivo en el que todos se encuentren contemplados y a su vez que sean partícipes.

Imaginemos que la sociedad activa, se dedicara a repensar la sociedad desde sus múltiples lugares. Pero desde apuntando a las propuestas concretas como mencionamos en el párrafo anterior, siendo apoyados por toda la sociedad, sin olvidar los debates e infinitos intercambios de ideas que eso supondría. Sería una cantera inagotable de recursos para mejorar la sociedad entera, buscando las normativas más adecuadas para cada faceta de ella. Eso no implica que es su responsabilidad absoluta sino una de muchas posibilidades de acción política. “La política” trabajaría en conjunto con la sociedad y se vería obligada a “trabajar bien”, gracias al control social (tema que nos es materia de esta nota pero se apuntala específicamente en otras). La sociedad sería co-responsable y co-protagonista junto con los políticos. Aunque es indispensable destacar, que a estos últimos les atiene exclusivamente convertir las propuestas de la sociedad en leyes concretas de deber obligatorio, porque son los únicos que ejercen administrativamente el poder. El referéndum o las audiencias públicas son algunas de las prácticas que aceitan y legitiman este trabajo en conjunto. Por ejemplo también los políticos deberían eximirse de tratar leyes que tocan sus intereses directos, siendo la sociedad responsable de ocuparse del tema por ellos, es el caso de reformas políticas, sistemas electorales o presupuestos que los incumba. Y el cuarto y último, ante la perdida general de valores y la falta de “ética”, es la creación de un capital axiológico, ser una cantera de “valores sociales” que son aquellos valores intangibles adoptados por una sociedad y que le son efectivos y útiles para maximizar la convivencia social, en lo político, económico y social. Y para el propio manejo protagónico de la sociedad civil la creación de una suerte de código ético o conjunto de principios y normas que marquen y determinen el funcionamiento de la sociedad civil, en los otros tres temas indicados, que convierta su accionar en un sistema “fraternal o virtuoso”, que irradie para adentro y hacia afuera, en especial los sistemas políticos y económicos, una fortísima concepción de manejo ético.-

La política no debe considerarse resorte excluyente de los políticos, todo lo contrario, debería acercarse lo más posible a la sociedad organizada horizontalmente, sin connotación de poder y lejos de mismo, a la manera de un sistema cuasi automático, un suerte de mercado donde la moneda de pago sea la virtud y no el dinero. De acuerdo con la normativa, la sociedad debería inmiscuirse mucho más en los temas excluyentemente políticos. La “minoría aristocrática” pide participación de la sociedad acotada a sus fines de siempre, es hora ya que la sociedad civil, se ponga los pantalones largos y tomen protagonismo.

COMO PUEDE OPERAR EL AMOR EN POLITICA

TEORÍA POLÍTICA:

COMO PUEDE OPERAR EL AMOR EN POLITICA

En un escueto resumen, consideramos que la democracia es un invento humano (1) y como tal, deberá evolucionar permanentemente, para no ser presa del poder real (2).

El actual fenómeno de protagonismo mundial de la sociedad civil es la herramienta ideal, no solo para hacer evolucionar la idea democrática, sino al hombre, la sociedad humana y las doctrinas políticas.-

Desde la filosofía política generamos una nueva teoría antropológica, sistémica y evolutiva, denominada AMOR OPERATIVO: es decir, como puede operar el amor humano en la política, en sus dos acepciones (3).

Esta teoría sostiene que el motor principal de este fenomenal movimiento social es: El Amor Fraternal (4). Se fundamenta en una teorización sobre el amor (5), una concepción de naturaleza (6), una visión sobre la Naturaleza humana (7) en evolución (8), una consideración del origen del poder (9), su mecánica y tendencia propia (10), y evalúa cómo perfeccionar sistemáticamente la democracia (11).

Consideramos que el mundo gira sobre dos sistemas, político y económico, ambos de impronta egoísta. He allí su falta de equilibrio. Nuestro objetivo final es equilibrarlo, inyectando virtud y ética al sistema macropolítico humano, de la mano de la sociedad civil, único sector que tiene como fin exclusivo construir bien común.

La visión final y a futuro, es que el actual Tercer Sector, -hoy, con un accionar atomizado- pueda convertirse en la columna vertebral de un “sistema fraternal y ético”, donde el amor o la virtud sea la moneda de cambio y no el dinero. ¿Cómo? Por dos caminos. El primero es crear un “marco de acción” que potencie su funcionamiento, en base a normas éticas (12) y la segunda, crearlo para que la sociedad toda participe, en sus cuatro funciones principales (13).

Lo sorprendente es, que no se necesitan grandes cambios, ni infraestructura, ni recursos, ni voluntarios. Todo está al alcance, lo único diferenciador es la idea.

Esta Teoría les entrega a los jóvenes una utopía, que permite imaginar un mundo mejor, sin depender de las ideologías, motivándolos a la acción.

Y lo más importante, los ilustra cómo hacerlo en la práctica concreta, desde cualquier comunidad poder llegar al mundo entero, vía la globalización.

Es así como la sociedad civil dejaría de pedir participación para ser coprotagonista, de su destino,potenciando la democracia, y su legitimidad.

Consideramos que sería la revolución del espíritu humano (14), pacífica y evolutiva, que impactara en el sistema democrático, y colocara a la sociedad y al hombre en el próximo escalón evolutivo.

(1) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap.- VIII Pág. – 81. La democracia como idea y como sistema político es un invento humano, y como tal debe perfeccionarse permanentemente para que realmente pueda tender al bien común.-

(2) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap.- VII Pág. 75. Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Pág. 198 /238.- El poder siempre intentara dominar, es su esencia, ya sea a la democracia y/o a la sociedad en su conjunto. Tiene mecánica propia, es fáustico, inquieto, luchador. Deviene una técnica independiente a los sistemas o doctrinas que dicen defender y ostentan una tendencia irrefrenable a su maximización y centralización.

(3) Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Pág. 256. Las dos acepciones de la política. Deviene de una concepción de Giovanni Sartori, “La Política, lógica y método de las ciencias sociales”. La primera acepción, es política-vertical, referida a lo político ligado al poder, que apunta al orden de lo jerárquico. La Segunda Acepción, es la política horizontal, se atiene a la política sin connotación alguna de poder. Su valor y su único norte esta en lograr el bien común, el bienestar de todos.

(4) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap.- II, pg. 36. Hoy hay cientos de millones de personas en el mundo entero, trabajando por el semejante. Consideramos que no hay poder, ideología, creencia, tradición o moda, que pueda lograr que al unísono y en todo el mundo, se conforme semejante movimiento social. Sostenemos que el motor es intrínsecamente humano, lo motoriza el amor fraternal, de la misma forma que el interés de lucro, de matriz egoísta hace mover el inmenso mercado económico, ahora globalizado.

(5) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap.- IV Una teorización sobre el amor. Pag 49.- Se parte de la concepción de Erich Fromm, en su obra “El arte de Amar” . El Amor Fraternal es el amor fundamental y basamental, que forma parte de todos los tipos de amor.-

(6) Aristóteles, La Política, Libro 1, Cap. 1. Seguimos su concepción de naturaleza, que indica que esta dependía de sus potencialidades básicas. Lo graficaba con el ejemplo de la semilla, que ostentaba potencialidades intrínsecas, que solo podían desarrollarse, si las condiciones externas eran adecuadas (tierra fértil, riego ect…). Entonces una bellota se convertiría en un bello roble. Si supiéramos las potencialidades básicas del hombre, podríamos facilitar las condiciones externas para que desarrollen las que consideramos necesarias.-

(7) Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Capítulo I ¿Cómo somos los hombres? Pág. 48/75.- Como lo sostenía Maquiavelo, es indispensable su respuesta, para intentar organizar o estructurar políticamente una sociedad de seres humanos. Nuestra concepción de La naturaleza humana tiene dimensiones doblemente duales – opuestos que se complementan, en semejanza a los dos hemisferios del cerebro humano – A saber: naturaleza egoísta (Hobbes) vs. Social (Aristóteles) y naturaleza Racional (Kant) vs. Irracional (Pareto) que en permanente tensión o amalgama, conforman el espíritu humano de cada persona. Dicha tensión es la razón de la evolución.

(8) Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Capitulo II Ego-ismo y Social-ismo. pág. 95 En relación a la concepción evolutiva de Alexis de Tocqueville, en “La Democracia en América, en la cual considera que perfecciona el hombre al ir del egoísmo humano, pasando por el individualismo y culminar con el interés bien entendido. De la misma forma el concepto de la virtud, se pasa de la vieja virtud clásica que imponía el sacrificio propio en pos de los demás, a la virtud lisonjera y caritativa, hasta llegar a la nueva virtud, que bien describe Peter Druker como un cambio social en la visión de la realidad, ya que entrega servicios sociales sin dispensar limosna, se esfuerza por modificar la comunidad, y principalmente por generar una transformación en el hombre. Todo el concepto evolutivo, también se trata en el Cap. III La Ley de las tensiones y el Cap. IV El concepto de Evolución, de la obra citada.

(9) Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Pag.76 En resumen, El origen del poder – en merito a la sostenida concepción dual del hombre- se produce ante la natural inclinación del hombre que en obediencia a su instinto social, quiere convivir entre otros y a su vez, su instinto egoísta, quiero hacerlo prevalecer entre ellos.

(10) Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Cap. Vi El fenómeno del Poder.-

Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap. VII El Poder.-

(11) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap. VIII El Poder.-

Piccolo, Oscar A “Tercera Revolución Evolutiva. Cap. VII El Poder Democrático.-

(12) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap. IX pág. 103. Un marco es un sistema cuasiautomatico, sujeto a determinadas reglas, en el que pueden actuar o desenvolverse la sociedad civil. Un ejemplo puede ser internet que es el marco actual de comunicación global.

(13) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap. IX. Ya no solo interactúan las entidades del tercer sector y sus voluntarios, sino que sea la sociedad toda quien lo utilice. Las cuatro funciones centrales de la revolución del amor operativo –no son las únicas- se resumen en la actual revolución solidaria (que puede generar el sistema de distribución de riqueza más potente y ético del mundo), el control social del poder, la generación de políticas de bien común, y la conformación de capital social axiológico.

(14) Piccolo, Oscar A. “La Revolución del amor operativo” Cap. XI. Implicaría una innovación de ingeniera política, ya que la existencia de un sistema fraterno, rigurosamente ético, en tensión, control mutuo y complementación con los dos sistemas imperantes, el político y económico, lograría el ansiado equilibrio y construiría mayor bien común. No olvidemos que hacer ingresar el amor en la política es hacer funcionar a la sociedad en espejo con lo que late en cada corazón humano. Esto completaría al hombre, ya que consideramos que la potencialidad que lo distingue de las demás criaturas de este mundo, no es solo la razón, como generalmente se sostiene, sino ambas, “la razón y el amor humano”, su unión y tensión amalgámica, no solo nos completaría sino que nos haría evolucionar inexorablemente. Y ese es su fin último, evolucionar. Compartimos lo que afirmaba Aristóteles, que el fin de cada hombre puede ser la felicidad, pero sostenemos que el fin de una especie es la evolución.-