¿Ciencia Política o Filosofía Política? – Una nueva visión

Por Oscar A. Piccolo

Si consideramos que la ciencia es la culminación de un proceso de conocimiento, es evidente que en el siglo XX, se ha avanzado notoriamente en el campo científico. Tanto las ciencias formales o ideales (lógica, matemática), como aquellas fácticas (o materiales) como química o física, e inclusive las ciencias humanas, han ostentado un vertiginoso crecimiento. Un claro ejemplo es la ciencia económica, sus postulados son utilizados con éxito por las autoridades en base a políticas monetarias y financieras, para lograr determinados resultados preconcebidos, ergo su evolución ha producido herramientas de aplicación práctica. Si bien tuvo algún desarrollo, no podemos decir lo mismo de la ciencia política. Cierto es que por ser una ciencia humana, no contiene la exactitud o rigidez de las otras, pero aún así, su avance metodológico ha sido realmente menor en comparación con las demás.

Antes de entrar en tema, no olvidemos señalar que la ciencia es metódica, es decir utiliza algún método para establecer la verdad, sea el lógico o de observación empírica, tiene o crea conceptos o vocabulario propios, genera hipótesis de solución provisional a problemas, y cuando las demuestra se convierten en leyes. También emplea teorías como una suerte de hipótesis general o modelos explicativos. Si tenemos en cuenta ello, es evidente la poca proyección de la ciencia política en la práctica. Inconcebiblemente, pareciera que en una época supertecnificada, informatizada y altamente compleja y diversificada como la actual, la filosofía política, que deviene una especulación no metódica, cuya única condición es ostentar coherencia racional, tiene mas presencia y peso en la praxis política que la propia ciencia. ¿Por qué?.

Presumimos que la ciencia política se ha basado en exceso en diferentes doctrinas –liberalismo, socialismo, nacionalismo, republicanismo, comunismo, entre otras-, en valores humanos –libertad e igualdad- o bien en sistemas políticos e institucionales dentro de las innumerables variantes de regímenes democráticos o distintas formas de regímenes autoritarios. Amén de la trascendente importancia de su estudio, no consideramos que puedan comportar las bases nucleares de la ciencia política. En realidad todas ellas son evidentes creaciones humanas y por ende, no son “naturales” ni intrínsecamente humanas, y aún así, han capturado de manera excluyente el estudio científico de la organización política desde estos últimos siglos. Desde nuestra visión, ello comporta el error conceptual que provoca el endeble y escaso desarrollo de la ciencia política.

El verdadero punto de partida, no deberán ser las doctrinas, modelos, ideologías, valores, cultura, sistemas políticos, aun reconociendo su trascendental importancia, sino el hombre como sujeto primario y único del acontecer político, tanto en su individualidad como en su realidad social. En resumen, avanzar en la contestación de la antiquísima pregunta: ¿cómo somos los hombres? e indagar en su matriz esencial, verlo tal como lo conocemos sin tratar de encontrar el hombre ideal, es la búsqueda del cómo somos real, en su más primitiva concepción política.

Una mirada de esta naturaleza puede llegar a entenderse como un cambio de paradigma, sin embargo no es así, sino que es el mismo paradigma que desde hace siglos los filósofos políticos más importantes en la historia del pensamiento han buscado afanosamente, aquel que intenta desentrañar “la naturaleza del hombre”. Planteamos simplemente “volver a las fuentes” para repensar al hombre. Fue el propio Maquiavelo, quien afirmaba que el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre, lejos de ser un pasatiempo de filósofos, es un requisito indispensable para obrar con éxito en el campo de la política.

Si consideramos que actualmente la filosofía política se considera como un pensamiento previo a la ciencia como una etapa necesaria para el nacimiento de esta, es obvio que con la aparición de la ciencia política, no faltó quien creyera que se había acabado el tiempo de la filosofía política. La realidad nos indica otra cosa, la filosofía tiene más penetración práctica que la ciencia.

Existen innumerables explicaciones. No olvidemos que las ideologías son aplicaciones parciales, incompletas y deformadas de muchas concepciones filosóficas, pero fueron ellas las que al parecer tuvieron una mayor implicancia en la práctica política. Esto denota el carácter científico de los hombres, ya que las ideas parecen vencer al saber descriptivo y, en consecuencia, al conocimiento científico.

Sin duda la filosofía es más afín a la naturaleza humana, ya que, a diferencia de la ciencia, puede proporcionarle al hombre un fin y un conjunto de ideales y de virtudes. En ese campo, el saber científico sólo puede ofrecer valores que ha incorporado pero que no ha creado. Asimismo, la filosofía nos puede ofrecer una visión omnicomprensiva de la realidad, es decir, una concepción totalizadora del mundo.

En síntesis, en el campo de la política la filosofía deviene más humana ya que admite la religión, lo sentido y valorado por el hombre, situaciones que la ciencia no sería capaz de asimilar fácilmente.

Una vez perdidas la exactitud, la precisión y la prudencia, la ciencia ya no es ciencia, y tampoco se transforma en ninguna otra cosa. Pero, en cambio, no hay límites para la filosofía: solo se necesita una ideal, en lo posible coherente y racional que inclusive pueda convertirse en poesía.

Ahora bien, la filosofía política actual desde nuestra visión, tiene dos grandes inconvenientes. El primero es que hay una tendencia cierta a preocuparse, casi con exclusividad, por el conocimiento de la “historia de las ideas políticas”, a las cuales si bien reconocemos su gran importancia, consideramos que habría que hacer hincapié en mirar la filosofía como un arte a pensar o entenderla como el arte del pensamiento. Es así como retomaríamos una tarea mas prolífica y evolutiva, partir de la acumulación del conocimiento humano elaborado por siglos para volver a repensar al hombre como protagonista excluyente de su realidad política.

El segundo inconveniente consiste en que las hipótesis filosóficas deberán dejar de ser solamente un cuerpo de nobles ideas y valores, sino que deberán tener un carácter decididamente sistémico. Es decir, que resulten una posibilidad de herramienta concreta para el avance de la ciencia política, en el sentido empírico de la realidad de forma tal que permitan descubrir la naturaleza y las leyes que rigen su comportamiento. En resumen que retome su verdadero carácter que es componer el a priori del conocimiento científico. Solamente conociendo su naturaleza el hombre pueda intervenir en ella con destino de éxito en búsqueda del bien común.

Ese camino es el que intentamos recorrer en la obra “ TERCERA REVOLUCION EVOLUTIVA El fenómeno del fin del milenio” aun cuando es de destacar que ese no fue su objetivo inicial. Originalmente la búsqueda estaba acotada a encontrar un fundamento filosófico acerca del actual protagonismo de la sociedad civil a escala planetaria, ya que las doctrinas políticas o económicas tradicionales, no lo explicaban. Eramos conscientes que estábamos ante un cambio positivo del espíritu humano, pero no lográbamos descubrir sus razones ni su motor y fue allí donde a la sombra de los grandes filósofos clásicos, encontramos en el estudio de la naturaleza humana (tema bastante relegado por siglos), independientemente del acierto o el error en su concepción, no sólo la fundamentación buscada, sino una teorización filosófica integral y, lo más importante, sistémica del acontecer político humano que amén de tener una mirada esperanzadora, abierta y plenamente evolutiva, brinde principalmente, herramientas concretas en la esquiva búsqueda del bien común. Y que pueda resultar el puntapié inicial para un estudio de ciencia política con mayor apego al hombre, que comportaría un evidente y necesario cambio de paradigma , para retomar en parte, el paradigma clásico: el hombre en el centro de la escena del estudio de la estructuración política y protagonista excluyente de su realidad social.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *