LAS DOS ACEPCIONES DE LA POLITICA

LAS DOS ACEPCIONES DE LA POLITICA

¿Qué sentido tiene el concepto de política?

La actividad política de la sociedad es posible sin “hacer política”

En el imaginario social, mucho nos ha pesado y nos pesa la política entendida como espacio vertical donde se mueven intereses intrínsecos al poder, ya que durante un largo tiempo hemos creído una farsa. Esta confusión creó en el comienzo la idea general que todo aquello que tenga que ver con política es malo, corrupto, entre otros tantos adjetivos por el estilo. Por todas estas razones la gente común no debería mezclarse. Desde su lugar, el Estado se abocó a mantener esa estructura de poder con todas sus indecorosas connotaciones incluidas. Cuando en realidad su fin originario es garantizar el bienestar de la sociedad, hoy convertido en un objetivo prácticamente desbarrancado.

Se falsea la realidad ocultando el verdadero sentido de la política y así los político -la aristocracia de estos tiempos- han mantenido a las mayorías alejadas de las palancas de poder para manejarlas ellos solos. Debemos saber que una confusión inicial nos a llevado a mirar de reojo y con desconfianza a la política en general, dado que ha servido como excusa para ser utilizada con el único fin de alcanzar y fortalecer ese poder entre pocos. Para liberarnos de esta carga que malogra las intenciones de los que desean hacer “buena política”, debemos desasnarnos sobre todos los significados del término. La confusión deriva de sus dos acepciones. Como bien nos alertó Giovanni Sartori hay una clara diferencia entre la política vertical y la horizontal. Pero además, ¿qué es lo que hacemos, o qué deberíamos hacer con ella?

La primera acepción, referida a lo político ligado al poder, es en la que nos hemos embarcado hace tiempo y la que apunta al orden de lo jerárquico. A todo lo que erróneamente hemos considerado poder, desde la administración municipal, hasta los senadores y diputados. Hemos aprendido que la sociedad debe ser gobernada sólo por sus representantes, cuyo mensaje implícito es que la gente no debe “hacer política”. Pareciera que la democracia no es en realidad sistema donde el pueblo tiene el poder. El Poder no busca prioritariamente el bienestar del pueblo, busca tener o detentar poder, acrecentarlo y en lo posible centralizarlo. Nos piden “participación” no protagonismo. Una vez efectuado el voto electoral, la sociedad pasaría a ser más bien un convidado de piedra de la actividad, siendo esa su única aparición en escena. Prácticamente es una cuestión ajena para los que no formamos parte de “la minoría aristocrática”, ya que ellos son los expertos en la materia. Los políticos han pasado a ser la aristocracia el siglo XXI, cuya única diferencia con sus antecesores sería el cambio de blancas pelucas pomposas y enruladas por un sutil traje con camisa y corbata, y actualmente ni eso, camuflándose en el común de los trabajadores de oficina. En los nacimientos de la democracia, para ejercitarla y definirla en la medida que las circunstancias lo permitieran, alguien tenía que centralizar el poder. Para evitar la anarquía se estableció que el poder debía ser ejercido “sólo por los representantes del pueblo”. Ahora, ya estamos en otra etapa evolutiva donde los ciudadanos están formados de distinta manera y dicha centralización ha sido utilizada, como ya explicamos, por los políticos en su propio beneficio. Luego, si era útil para sus fines, la ejercitaban en beneficio de la sociedad. Para que evolucione la democracia no sólo como idea sino como instrumento y sistema político, toda la sociedad civil debe dejar de pedir participación (que es lo que justamente le conviene a ellos), sino ser protagonistas de la sociedad que queramos tener, desde el barrio hasta el mundo por completo.

Los pilares de la mecánica individual de la política son cuatro, el logro de poder, su mantenimiento y finalmente, una vez logrados estos dos, su acrecentamiento (y en lo posible con el menor control posible). El bien común será utilizado sólo si garantizará más poder al final, como es el caso del clientelismo político. Siempre se justifica un “regalo” o una contribución desinteresada del gobernante de turno, aludiendo que su objetivo es que la gente “lo necesitaba”. Aquí queda de manifiesto como la supuesta solidaridad se disfraza de preocupación por el otro empobreciendo, simplificando y malogrando el verdadero espíritu solidario por fines estrictamente de poder.

No es este sentido el que nos interesa destacar, conocemos lo suficiente en la vida diaria. Entonces, el segundo sentido tan poco explorado y prácticamente desconocido, es el de política del bien común, como una visión horizontal de su práctica, entendido así por su carencia de jerarquías. Este es el significado original del concepto, por medio del que se entiende que la sociedad no sólo puede sino que debe hacer política .¿En qué momento y quiénes nos convencieron que sólo los políticos son los excluyentes sabedores de que es lo mejor para nosotros? ¿Los políticos están más preocupados en el bien común o en lograr mantener y acrecentar su poder? La participación y presencia del ciudadano civil es necesaria e irremplazable en todos los espacios donde se proyecta la política. Más allá de las clases que intenten detentarlo exclusivamente es un patrimonio de incumbencia universal. Al margen de los distintos grados de vocación política de cada sujeto, lo importante de recalcar la universalidad de la política es el aspecto donde nos vemos todos involucrados y por lo tanto responsables de su ejercicio.

La “nueva aristocracia” ubica en tela de juicio el bien común justamente porque de su desarrollo exitoso dependen el triunfo o fracaso de sus intereses de poder o personales. Hoy por hoy toda esta clase, en mayor o menor medida, está ocupada en sustanciar su poder y no el bien común. Lo buscarán en la medida que ello reporte un aumento del poder y reputación personal, más allá que el objeto del Estado es buscar exclusivamente el bien común. Incluso muchas veces ese recorrido vertical, atraviesa el bienestar que mencionamos de lado a lado, dañándolo severamente.

La segunda acepción a la que nos referimos, atiene a la política sin connotación alguna de poder. Su valor está en el movimiento horizontal que ya mencionamos donde el único norte es el bienestar de todos. El hombre está experimentando en estos últimos tiempos un cambio en el espíritu, mucho más consciente y preocupado por la situación general de la sociedad, más allá de su circunstancia personal. Si bien las discrepancias son muchas respecto de lo que se entiende por bien común, preferimos tomar el concepto general. Éste puede lograrse apelando al “sentido común de la gente común”.

¿Cómo ayudar a lograr el Bien Común? Tres acciones pueden ser posibles: La solidaridad, es la base del asistencialismo. Por medio de ella se atiende carencias como la salud, la pobreza, la marginación, la llamamos política horizontal directa. Otro elemento es el control social, del Estado y del Mercado. Se materializa por ejemplo en pedidos de información o denuncias sobre el accionar no sólo del gobierno de turno, si no sobre todo poder. De esta manera, entre una infinidad de posibilidades, es desde donde se vuelve protagónico el lugar político de la sociedad civil. Para todas las sociedades pero mucho más para aquellas evolucionadas, se considera que las sociedades civiles son las que tienen el poder como electores y como consumidores. A partir del control social es posible hacer más eficiente a los otros dos sistemas, el político y el económico. Cuando esto sucede, el ciudadano se siente dueño del sistema en el que vive porque puede controlar los otros dos, siente que su voz tiene lugar. En cambio cuando el sujeto ve que el poder está en manos de otros, fuera de su alcance, se evidencia su alto grado de involución de la política donde pareciera que la sociedad espera, como única salida, la llegada del “rey bueno”. Un tercer elemento es la política horizontal indirecta, denominada política arquitectónica. Toma la forma de debates y proposición de proyectos políticos, sociales, educativos, entre otros. A través de ello es posible tener un proyecto de sociedad colectivo en el que todos se encuentren contemplados y a su vez que sean partícipes.

Imaginemos que la sociedad activa, se dedicara a repensar la sociedad desde sus múltiples lugares. Pero desde apuntando a las propuestas concretas como mencionamos en el párrafo anterior, siendo apoyados por toda la sociedad, sin olvidar los debates e infinitos intercambios de ideas que eso supondría. Sería una cantera inagotable de recursos para mejorar la sociedad entera, buscando las normativas más adecuadas para cada faceta de ella. Eso no implica que es su responsabilidad absoluta sino una de muchas posibilidades de acción política. “La política” trabajaría en conjunto con la sociedad y se vería obligada a “trabajar bien”, gracias al control social (tema que nos es materia de esta nota pero se apuntala específicamente en otras). La sociedad sería co-responsable y co-protagonista junto con los políticos. Aunque es indispensable destacar, que a estos últimos les atiene exclusivamente convertir las propuestas de la sociedad en leyes concretas de deber obligatorio, porque son los únicos que ejercen administrativamente el poder. El referéndum o las audiencias públicas son algunas de las prácticas que aceitan y legitiman este trabajo en conjunto. Por ejemplo también los políticos deberían eximirse de tratar leyes que tocan sus intereses directos, siendo la sociedad responsable de ocuparse del tema por ellos, es el caso de reformas políticas, sistemas electorales o presupuestos que los incumba. Y el cuarto y último, ante la perdida general de valores y la falta de “ética”, es la creación de un capital axiológico, ser una cantera de “valores sociales” que son aquellos valores intangibles adoptados por una sociedad y que le son efectivos y útiles para maximizar la convivencia social, en lo político, económico y social. Y para el propio manejo protagónico de la sociedad civil la creación de una suerte de código ético o conjunto de principios y normas que marquen y determinen el funcionamiento de la sociedad civil, en los otros tres temas indicados, que convierta su accionar en un sistema “fraternal o virtuoso”, que irradie para adentro y hacia afuera, en especial los sistemas políticos y económicos, una fortísima concepción de manejo ético.-

La política no debe considerarse resorte excluyente de los políticos, todo lo contrario, debería acercarse lo más posible a la sociedad organizada horizontalmente, sin connotación de poder y lejos de mismo, a la manera de un sistema cuasi automático, un suerte de mercado donde la moneda de pago sea la virtud y no el dinero. De acuerdo con la normativa, la sociedad debería inmiscuirse mucho más en los temas excluyentemente políticos. La “minoría aristocrática” pide participación de la sociedad acotada a sus fines de siempre, es hora ya que la sociedad civil, se ponga los pantalones largos y tomen protagonismo.

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